Segundo examen

Se acercó con los ojos vidriosos. Le temblaba un poco la barbilla. Me pidió hablar unos minutos en privado antes del comienzo de la clase. Lo había visto muy pocas veces en el año, pero sabía que era el hermano menor de Nilda Buffet, una de las estudiantes más sobresalientes que había tenido hasta el año pasado. Le empezaron a escurrir algunas lágrimas por las mejillas cuando intentó empezar a hablar. Por costumbre siempre llevo un pañuelo de tela en mi bolsillo que se lo cedí de inmediato. Con una voz algo quejumbrosa me relataba que su padre se encontraba muy enfermo, que por dicha razón no estaba asistiendo a las clases y, por consiguiente, no pudo rendir el primer examen. Además, agregó, que cuando quiso presentarse en la fecha del recuperatorio fue cuando tuvieron que internarlo por un ataque al corazón. Prosiguió relatándome como los médicos al llegar a urgencias pudieron sacarlo del estado catatónico en el que se encontraba, con dos paletas eléctricas y que, si bien ahora se encontraba en terapia intensiva, luego de la operación a la que fue intervenido, se lo veía de buena cara y con un pronóstico de mejora favorable.

Me sentí afligido, inmediatamente me hizo acordar en mi padre y como él no lo había logrado cuando sufrió su infarto. Ofrecí que cuente con mi ayuda para lo que necesite, que creo que es lo indicado para estos casos. Extendió la mano como gesto de devolverme el pañuelo y le dije que lo conserve. Mientras se levantaba de la silla donde se había sentado, me consultó sobre la posibilidad de poder rendir el examen para no perder el año de la materia, ya que quizás si el padre se enteraba que por su culpa no había podido rendirlo, poray su corazón esta vez no lo toleraría.

Le dije que se despreocupe. Que personalmente hablaría con la directora del establecimiento para que haga una excepción en el periodo de cierre de notas del primer examen, para contemplar la situación y que, mientras tanto, vaya preparándose para rendirlo la semana que viene. Su cara de repente se iluminó y se le dibujó una sonrisa. Me agradeció y estrechó fuertemente mi mano antes de retirarse.

***

A la semana siguiente, se presentó puntualmente a rendir el examen, aunque le tomó todo el horario de la clase poder resolverlo. Tanto que cuando el resto de los compañeros se retiraron, él todavía continuaba realizando cuentas enérgicamente en la calculadora. Me acerqué a comunicarle que se le había terminado el tiempo y no podía aguardarlo más, que firme la hoja al final de lo escrito y que me lo entregara. Con pesar, realizó lo pedido y me entregó la hoja. Dio un fuerte resoplido y me dijo que lo disculpara por no poder realizarlo de forma completa, ya que el padre pasó algunas noches difíciles en la casa, donde se estaba recuperando, y él tuvo que asistirlo constantemente. Tarea que le impidió poder repasar completamente los contenidos que se habían dictado hasta la prueba.

Miré la hoja que me había entregado. Efectivamente se encontraba incompleto. De los cinco puntos propuestos, solo dos estaban desarrollados y, uno de ellos, por la mitad. Lo miré a los ojos fijamente y le dije:

—Mire Buffet, su examen no está para aprobar. —hice una pausa antes de proseguir— pero considerando su situación particular, lo que puedo hacer es dejarle como nota un cuatro en este parcial, como para que pueda rendir el segundo examen. Con la condición de que para el mismo se prepare de mejor manera ya que, al ser una materia promocionable,  sería injusto para el resto de los compañeros y… — cuando me interrumpió de repente—:

—¡Muchas gracias profesor! ¡No lo voy a decepcionar!… Gracias, muchas gracias… no sé cómo agradecerle… nos vemos la semana que viene…

Se dio media vuelta y de un trotecito salió del aula.

***

Casualmente al terminar esa semana me crucé con su hermana Nilda. Ella estaba a punto de rendir un examen final y yo justamente formaba parte de la mesa examinadora. Opté por acercarme a ella para intercambiar unas palabras:

—Hola alumna, me enteré lo de su padre… ¿cómo anda él ahora?…

—¿Mi papá?… —respondió ella con cara de sorprendida, de no comprender mi pregunta—

—Si, con el tema de la operación —retruqué—

—No sé de qué me habla profesor, mi papá murió cuando era chica, hace unos veinte años…

—¡Uh!, me debo haber confundido te pido mil disculpas… —le dije contrariado, aunque continué con el interrogatorio — ¿Tu hermano es Ricardo, verdad?…

—No se preocupe, como el falleció hace tanto tiempo, ya no me afecta. Son cosas que pasan. ¡Si!, Ricardito es mi hermano… Me comentó que esta en su clase y parece que le esta yendo bien…

Cuando ella concluyó la frase me aparte bruscamente, ante su mirada atónita. Necesitaba alejarme de la situación, intentar comprender que es lo que estaba ocurriendo. Tanteando el marco de la puerta, asomé la cabeza por la misma y tomé una bocanada grande de aire, para ayudarme a asimilar lo obvio.

***

En la víspera del segundo examen, cuando finalizó la clase, solicité que aquellos alumnos que hayan tenido una inasistencia superior a cinco clases, se queden unos minutos. Sabía que era la excusa perfecta, ya que Ricardo era el único cumplía con el requisito, con lo cual iba a poder quedarme a solas con él sin generar sospechas. Se acercó hasta el banco de adelante donde me encontraba. Le dije que aguarde un minuto, mientras fingía buscar algo dentro del bolso, para darles tiempo a los alumnos rezagados que abandonen el aula. Cuando esto ocurrió, le dije:

—Hace un tiempo hablé con Nilda, su hermana. Me dijo que su padre, que justamente también resulta ser el suyo, había fallecido hace dos décadas… —tomé aire, me encontraba furioso y nervioso a la vez, a juzgar por mis palpitaciones, y me costaba encontrar las palabras con las que proseguir— con lo cual espero que, luego de la forma en que me mintió y me faltó el respeto,  tenga la dignidad de dar un paso al costado y no se presente al examen de mañana y que, ante mi indulgencia sobre el hecho de su padre…—cuando me interrumpió de golpe:—

—Al principio, no creí que ibas a ser tan inocente, pero al final… ¿Te lo creíste todo, no?… —me dijo con un tono socarrón y una mirada completamente sarcástica y finalizó con un: —  Nos vemos mañana en el examen…

Simplemente quedé paralizado. Entre todos los escenarios posibles, nunca me imaginé un desenlace de esa manera. No supe como actuar para resolver la situación. Me sentí superado y vencido por la mente maquiavélica de un chico al que doblaba en edad. Solo podía observarlo juntar sus cosas del banco, mientras no se le quitaba esa sonrisa nefasta de triunfo de la cara. Antes de retirarse por la puerta, me miró una vez más y me guiñó su ojo.

***

Ya en el día del examen, podía divisarlo sentado al fondo del aula. Tenía un atisbo de esperanza de que no fuera a presentarse. Pero ahí se encontraba, con su mueca triunfante. Para no perder tiempo, me dispuse a repartir los exámenes a cada uno de los alumnos. Comencé mi recorrido de forma tal que él fuera el último. Cuando llegué a su pupitre, tomé una hoja que había escrito a mano y le dije:

—Tome, este es un examen que hice especialmente para Usted… —mientras le entregaba una hoja de carpeta cuadriculada—

Vi como su cara se transformaba de a poco. Se tornó de un color rojo intenso. Estaba enfurecido. Miraba el examen con ojos cada vez más grandes y le comenzaron a temblequear las manos. Se levantó de repente golpeando en el intento la mesa con sus piernas y comenzó a gritar a viva voz, una serie de improperios que recorrieron todo mi árbol familiar y finalizaron con unos:

—¡¿Pero quién carajo te pensas que sos que me vas a venir a cagar a mí?!…

A lo que le respondí con calma y naturalidad:

—Cálmese alumno, si no quiere rendir el examen, por favor le pido que le ponga su nombre, lo firme al final y lo entregue. Si hay alguna situación que quiera que conversemos después en…—nuevamente me interrumpió:—

—¡Qué después!…¡Ya mismo bajo a hablar con la directora para que te eche a la mierda y acá tenés tu examen!… —entregándome la hoja del examen sin resolver—

La tomé para comprobar que la misma tenga su nombre y rúbrica y le indique el camino de la puerta para que se pueda retirar. Al salir dio un portazo, mientras se seguían escuchando estruendosos gritos a lo lejos.

Me disculpé con el resto del alumnado por sus acciones y les pedí por favor, que a pesar del exabrupto continuaran realizando la prueba.

***

No pasaron diez minutos, que el alumno volvió al aula junto con Alicia, la rectora de la universidad. Ella ingresó al aula mientras Ricardo aguardaba en la entrada y me solicitó si podía salir un momento. Acepté la invitación y salí de inmediato, cerrando la puerta sobre mis espaldas.

—Dígame profesor, ¿cómo es esto que Usted le realizó un examen diferenciado, imposible de resolver a este alumno? Él lo acusa de que le tiene bronca y quiere que desapruebe para no hacerlo pasar de año… cuénteme… —concluyó Alicia—

—¿Diferenciado? No entiendo a qué se refiere —le respondí, a lo que inmediatamente Ricardo acotó:—

—Si, es ese que tiene en la mano, mire…—yo aún lo sostenía en mis manos luego de la escena y lo miré sorprendido—

—A ver, deme para acá… —dijo Alicia mientras tomaba la hoja con su mano e indagaba: — Alumno, ¿Este es su nombre y su firma?…

—Si, si… fíjese que a mí me lo entrego escrito y al resto de los alumnos se los dio impreso. Ahí tiene la prueba… —contestó Ricardo—

En ese momento Alicia ingresó al aula nuevamente con algo de brusquedad y agarró el examen de una alumna que se encontraba cerca de la puerta y volvió a salir. Se puso a observar detenidamente ambas hojas y dijo:

—Pero estos exámenes son iguales… —a lo que expliqué a continuación:—

—Lo que ocurre Señora directora, es que por error en la fotocopiadora me entregaron una hoja de menos. Me di cuenta de esta situación, cuando ya estaba por entregar los exámenes. Entonces me tomé el trabajo de realizar la copia faltante a mano y como el alumno Buffet se encuentra sentado al final del aula —mientras señalo con la mano la posición geográfica exacta dentro del lugar— por casualidad le tocó a él. No entiendo por qué esta reacción que ha tomado el alumno, cuando he tenido la amabilidad de realizarle a mano una copia para que pueda finalizar la prueba en tiempo y forma, sin demora alguna…

Se produjo un silencio incómodo. El tiempo suficiente para poder dibujar una pequeña mueca de sonrisa involuntaria en mi cara. En ese momento noté que Ricardo me observaba y atiné levantar las dos cejas como señal de condescendencia, mientras Alicia, con las dos hojas en la mano, terminaba de procesar la información.

— Alumno, tome sus cosas y acompáñeme…—Sentenció Alicia mientras me entregaba los exámenes nuevamente—

Ricardo ingresó al aula, colocó sus útiles en la mochila y se retiró escoltado por la directora. Cuando pasaba a mi lado, cruzamos mirada, cerró sus ojos y agachó su cabeza en señal de reverencia.

***

Lo último que supe de él, es que lo habían expulsado del establecimiento por la violenta conducta ejercida ese día y por poner en riesgo la salud física de sus compañeros y del docente a cargo. Al menos eso decía en el acta. Mi plan funcionó a la perfección.

 

 

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